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Crónicas del invernadero

Corresponsal

Informe condifencial

Luego de una jornada que comenzó a las 8h00 a. m. con cuatro páginas para corregir que, según la Anilú, necesitaba de un batallón de correctores, aquí las principales novedades.

1. Después del primer tabaco, el ambiente comienza a caldearse y hacia las 12h00 el "Nido de ratas" se convierte en sauna. La humedad rebasa el 80% y los desodorantes comienzan a perder eficacia.

2. Ausencia de Internet (agradezco aquí a Nancy porque, al verme sin la droga del Facebook, muy amablemente me prestó un libro cuyo autor no puedo, mejor dicho, no quiero acordarme).

3. Archivador privado: Ya lo decía Beckett: "Cuando estamos en la mierda hasta el cuello, no nos queda más que cantar." Cuando disminuye el espacio, la imaginación se expande. Esto lo pude constatar al pedir una carpeta a Nancy. Ella la extrajo de su "archivador privado": ¡estaba sentada encima de las carpetas!

 

Luis Felipe Sánchez: 'Fue terrible'

Nuestro corresponsal de guerra, Luis Felipe Sánchez, todavía estaba aturdido cuando regresó. Sus profundas ojeras y el quejido que de a ratos emitían sus dientes al chirriar delataban una estadía infortunada en campo enemigo. "Tenía a mi lado a la Fer Tu.", dijo. Una mueca de dolor se hizo presente en su rostro: "¡No paró de hablar todo el rato!".

Sánchez había recibido un comunicado de las generales Arauz y Yánez en el que se exigía su presencia en el Nido de Ratas. Sin embargo, al llegar allí pudo observar las penosas condiciones de trabajo. "No tenía una mesa fija; tuve que andar rotando de acá para allá... Finalmente me establecí en una computadora. Cuando me di cuenta de que no tenía Internet, ya era demasiado tarde... Fue terrible", relató, con lágrimas aflorando tras sus negras gafas de gángster.

Contó, además, de un nuevo tipo de tortura implementado en campo enemigo: el reguetón. Sánchez pensó que provenía de unos parlantes camuflados bajo las mesas, pero luego constató que las canciones tenían la inconfundible impronta machaleña de Gonzalo "El Ruiseñor" Arias. Muy cerca de él, las experimentadas terroristas Novillo y Corrales esgrimían un látigo y un machete, respectivamente, intimidando a nuestro corresponsal.

No había rastro de la habitual tranquilidad de nuestro compañero; no obstante, los términos que utilizó al narrar su historia corroboraron que, afortunadamente y en contra de lo pensado hasta hoy, se encuentra en sus cabales. "En este preciso instante me siento indispuesto para retornar a la trinchera. Empero, por un par de ’balas’ me enfrentaría nuevamente a tales monstruos", explicó, haciendo una clara referencia a los habitantes del Nido de Ratas.